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Hemeroteca :: Edición del 01/10/2005 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 01/10/2005@00:00:00 GMT+1
La frente -delimitada por el nacimiento del pelo y las cejas- refleja pensamientos y sueños. Aprender a conocerla es esencial para comprender qué tipo de inteligencia predomina. ¿Para qué están dotadas la frentes más grandes? ¿Son menos inteligentes las personas con frente pequeña? ¿Existe una frente ideal?
Si nos fijamos en la frente de los primeros homínidos observaremos que es huidiza y estrecha, y que va acompañada de arcos superciliares pronunciados. La frente del hombre moderno, en cambio, suele ser alta y ancha. Eso no significa que las frentes pequeñas y estrechas denoten falta de inteligencia, ni que debamos tomarnos al pie de la letra la popular frase “no tiene dos dedos de frente” como sinónimo de lo mismo. La inteligencia adopta formas muy variadas y en este caso podría definirse como “especializada”, no necesariamente limitada. Del mismo modo una frente muy desmesurada no es señal de gran inteligencia.

Con arreglo a lo anterior, tengamos en cuenta lo siguiente: cuanto más ancha sea la frente, más se interesará por una gran cantidad de cosas. Cuanto más estrecha, más especializados serán los intereses. Según el caso habrá dispersión de intereses o intereses precisos. Cuanto más corta, más se ocupará de las realizaciones prácticas. Cuanto más alta, más posibilidad tendrá la zona imaginativa (superior) de desarrollarse. El pensamiento podrá ser abstracto y especulativo.

Aunque la frente de las personas de valía no se distingue necesariamente por su amplitud o extensión, existe un arquetipo de frente humana ideal que presenta un mayor desarrollo en anchura en la zona superior respecto a la inferior. Sin embargo, lo que cuenta, además del tamaño, es la tonicidad, la diferenciación, la mímica y armonía de la frente. No obstante, debe ser más grande que pequeña porque no puede haber un buen nivel intelectual sin una gran receptividad a los elementos del mundo exterior. No olvidemos, además, que los ojos también se relacionan con la zona superior del rostro (cerebral) y que el fulgor de la mirada también participa de esa receptividad (ver lecciones anteriores, ojos y mirada).

Zonas de la frente
El análisis de la frente puede efectuarse empezando a distinguir bien (tanto de frente como de perfil) las tres zonas que la configuran.

Si miramos la frente por delante lo más probable es que sólo veamos dos zonas: la inferior corresponde a los arcos superciliares y limita con las sienes; el resto de la frente asciende formando un arco redondeado. En cambio, si miramos la frente de perfil veremos con mayor claridad que son tres las zonas a observar (sobre todo si la frente que deseamos analizar posee un buen desarrollo): la zona más baja con los arcos superciliares, la zona media constituida por un surco más o menos acusado encima de dichos arcos, y por último la más alta, amplia y expandida que llega hasta el nacimiento del pelo.

Zona inferior: Se relaciona con las dotes de observación y si está muy bien marcada indica buena adaptación y capacidad de realización. Corresponde a la parte concreta del pensamiento, la actividad consciente del espíritu.

Un desarrollo muy notable de las citadas dotes de observación junto con memoria fotográfica y captación rápida de impresiones se observa en la prominencia de los arcos superciliares. A menos que se encuentre en rostros muy primarios, es señal inequívoca de dichas dotes.

Una frente ancha en su zona inferior y estrecha o retraída en la superior reflejará un predominio del pensamiento práctico. En cambio, si es al revés (estrecha por abajo y ancha por arriba), el pensamiento será más abstracto.

Zona media: Se asocia con la capacidad de reflexión, razonamiento y análisis.

Más importante aun que la anchura de esta zona media es la existencia de un ligero pliegue indicador del espíritu reflexivo y analítico. Cuanto más sutil sea dicho pliegue, más llena de matices será la inteligencia. Si por el contrario está muy acentuado provocando una especie de “barrera” (se observa sobre todo en frentes rectas) nos encontramos ante una importante marca de bloqueo. Dicha barrera confiere a la frente un modelado con hundimientos y salientes y actúa como un elemento inhibidor. Los bloqueos se producirán en conexión con la zona menos desarrollada del rostro. Es decir, si es la cerebral, dificultará la toma de decisiones y el pensamiento se perderá en vericuetos y conjeturas interminables. Si se observa en la zona media o afectiva (pómulos, mejillas y nariz), será el mundo de las relaciones personales el que más sufra. No obstante, si la frente está inclinada la energía circulará y será más fácil superar las inhibiciones que esta configuración implica.

Zona superior: Se asocia con la vida inconsciente, las aptitudes imaginativas y creadoras, es decir, sueños, imágenes, abstracción. Las frentes con la parte superior amplia indican una vida inconsciente muy activa en su poseedor.

A veces se observa en la zona superior de la frente un raro elemento que informa sobre las dotes imaginativas potenciales. Se trata de dos protuberancias aisladas que se interpretan como restos del abombamiento natural en la frente infantil. Buen ejemplo de ello lo ofrece el Moisés esculpido por Miguel Ángel. La expresión del talento imaginativo dependerá, no obstante, de los otros parámetros. Si, por ejemplo, hay tonicidad general en la frente, ojos o rostro, dicho talento se plasmará fácilmente aunque se haga de forma estructurada (inventando, resolviendo problemas aparentemente insolubles o incluso de forma artística).

Cuanto más importante sea esta zona, o mayor atonía haya en el resto del rostro, mayor será el recurso a la ensoñación pasiva. Para que la creación sea efectiva será necesario que el nivel instintivo (mandíbula inferior, mentón y boca) sea lo bastante tónico y que el marco facial no sea demasiado recto para que la concepción sea seguida de realización.

RECUADRO-SUMARIO
Las sienes

Cuando más aplastadas sean las sienes mayor será el dinamismo mental. En cambio, si están hundidas habrá interiorización del pensamiento y reflexión, sobre todo si la frente es recta, vertical.

PERSONAJE:
MIGUEL DE CERVANTES
Se definió a sí mismo como hombre “de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada”.

Podría decirse que tal definición corresponde en realidad a una frente inclinada, indicativa de dinamismo, decisión, acción y excelente capacidad de realización. Todo ello estuvo patente en la vida del genial escritor. Desde su actividad como soldado hasta sus logros literarios.

Sin embargo su frente no estaba sólo inclinada, sino que era grande y estaba perfectamente diferenciada: era tónica y con las sienes aplastadas (señal de asimilación mental rápida); tenía las tres zonas claramente diferenciadas (protuberancia de los arcos superciliares: dotes de observación; zona media marcada: reflexión, memoria; zona superior alta y redondeada: capacidad de abstracción, fecundidad intelectual, imaginación).

ISABELLE ADJANI.

La actriz francesa, poseedora de una sutil expresión de misterio y profundidad, tiene una frente redondeada y lisa que sugiere una inteligencia receptiva, asimilación intuitiva. Los arcos superciliares bien marcados y las cejas pobladas le ayudan a concretar, realizar y reproducir lo que ha captado. Los ojos grandes, muy abiertos, muestran apertura de espíritu y curiosidad natural.
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