Última actualización 01/06/2006@00:00:00 GMT+1
Un bailarín nace, no se hace. Así lo pone de manifiesto un estudio llevado a cabo por una universidad israelí, según el cual los bailarines poseen variantes de dos genes relacionados con la transmisión de información entre células nerviosas.
Uno de estos genes transporta la serotonina, que ejerce una influencia en los estados de ánimo y las emociones. El otro, es una hormona, la vasopresina, que está unida con la capacidad para relacionarnos con los demás.
Para llegar a estas conclusiones han examinado el ADN de 85 bailarines y sus padres, de 91 atletas de competición, así como de 872 personas que no bailaban ni hacía deporte con regularidad. Comparando la estructura genética de estos grupos, comprobaron que los bailarines tenían una predisposición genética mayor para el talento musical, la coordinación de sus miembros y el sentido del ritmo. De todos modos, aunque genéticamente estas personas estén más predispuestas al baile, el talento hay que explotarlo para desarrollarse.