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DURANTE LOS SIGLOS XVIII Y XIX, UN GRAN NÚMERO DE INTELECTUALES, ERUDITOS Y OCULTISTAS EUROPEOS
SE VOLCARON EN EL ESTUDIO DE LAS ANTIGUAS TRADICIONES PAGANAS Y RELIGIOSAS, CON EL PROPÓSITO DE
DESVELAR MISTERIOS Y RECUPERAR ANTIGUOS CONOCIMIENTOS, ENTRE OTROS, LOS SECRETOS DE LA
ALQUIMIA Y DE LA CÁBALA, Y TAMBIÉN DEL ORIGEN DEL TAROT.
EL AUGE DE LAS SECTAS ESOTÉRICAS, LA MASONERÍA Y LAS CORRIENTES FILOSÓFICAS, QUE SE EXTENDIERON
POR BUENA PARTE DEL VIEJO CONTINENTE, AYUDÓ TAMBIÉN PARA QUE LAS INVESTIGACIONES REALIZADAS
SOBRE ESTOS TEMAS FUERAN DIVULGADAS Y PUESTAS AL ALCANCE DEL GRAN PÚBLICO.
Mª Jesús Palmer
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Primeras publicaciones del Tarot
en relación a la Cábala
La coincidencia entre el Tarot con sus 22
arcanos mayores, y la Cábala con el alfabeto
hebreo de 22 letras, más el Árbol
Cabalístico de diez esferas, unidas por otros 22
senderos, no pasó desapercibida a los estudiosos
del Tarot durante esta larga etapa de oro
para el esoterismo. En Francia, uno de los primeros
en difundir la hipótesis del origen egipcio
del Tarot y su posterior vinculación con el
alfabeto hebreo fue el escritor y ocultista Antonine
Court de Gebelín (1725-1784). Años
más tarde, el parisino Alphonse Louis Constant
(1810-1875), bajo el seudónimo de Eliphas
Levi, publicó, además de numerosos libros,
los dibujos de los 22 arcanos incluyendo símbolos
de Cábala y ocultismo.
En Inglaterra, el londinense Samuel Liddel
Mathers (1854-1918), cofundador de la famosa
orden hermética conocida como Golden
Dawn, estableció incluso, en los ritos para acceder
a la jerarquía de la Hermandad,
diez grados de iniciación relacionados
con los 22 senderos del Árbol Cabalístico,
de forma que el “trabajo” de cada
sendero se relacionaba también con un
arcano mayor diferente. Asimismo, fue
fundamental la labor de Arthur Edward
Waite (1857-1942), relacionado con la filosofía
Rosacruz, traductor al inglés de las
obras de Eliphas Levi y creador de uno de los
tarots de mayor difusión en la actualidad: el
Tarot de Rider-Waite.
Por otra parte, el esoterista suizo Oswald
Wirth (1860-1943), basándose en sus conocimientos
de la antigua simbología, la Alquimia
y la Cábala, publicó Los 22 arcanos del Tarot
Cabalístico con dibujos realizados por él mismo.
Y no podemos dejar de mencionar al hispano-
francés Gérard Encausse (1865-1917),
conocido por el sobrenombre de El Papus, por
su labor como médico, escritor y creador de
dos escuelas esotéricas. Entre sus numerosas
obras, destacamos su Tarot de los Bohemios,
donde relaciona el significado de los arcanos
con el nombre hebreo de Dios (Yahvé), las siglas
de INRI de la cruz de Cristo y el juego de
palabras Torah (Ley) y Rota (Rueda).
El alfabeto hebraico
y el tetragramatón
El hebreo, aparte de su valor como lengua vernácula,
tiene un significado mucho más profundo
que se relaciona directamente con la esencia
de la Cábala. Considerando la Cábala como la
tradición oral o conocimiento revelado por
Dios a los hombres a través de figuras bíblicas tan
significativas como Abraham o Moisés. Esta tradición
oral, que revela las leyes por las que se rige
y funciona el Universo, fue recogida por escrito
en el Pentateuco con sus cinco libros
sagrados: Génesis, Éxodo, Números, Levítico y
Deuteronomio. Pero volviendo al alfabeto hebreo,
cada una de sus 22 letras (o fonemas) representa
un estado de energía en correspondencia
con los elementos de la Naturaleza, los signos
del Zodíaco y los 22 arcanos mayores del
Tarot. Asimismo, las diez esferas (Sefirot)
del Árbol Cabalístico guardan analogía
con los arcanos menores, mientras que
los 22 senderos que las unen se encuentran
igualmente en correspondencia con los
arcanos mayores.
Así, vemos que en el antiguo hebreo cada
palabra tiene valor añadido, especialmente
los nombres. Por ejemplo, las letras hebreas que
componen el nombre de Adán (Aleph, Daleh,
Noun) representan el origen, el principio de toda
experiencia -Adán fue el ADN de la Humanidad-,
mientras que las letras que componen el
nombre de Eva (He, Vav, Aleph), representan la
continuidad, el puente (Vav) que lleva a un nue-
vo Aleph, o lo que es lo mismo, a nuevos ciclos
y principios de continuidad. Otros nombres bíblicos
importantes como Noé, Abraham, Moisés,
o incluso Jerusalén, también tienen un significado
oculto que habla de su papel esencial en la
historia sagrada del Antiguo Testamento.
Aunque, entre todos los nombres, destaca el
nombre divino de Jehová (Yahvé), compuesto
por las letras Yod, He, Vav, He. Estas letras reciben
el nombre de Tetragramatón, del griego
Tettares (cuatro) y Gramma (letra), y su significado
abarca la esencia de todo lo creado, pues, entre
otros conceptos, el Yod se identifica con el
fuego, la semilla, el germen, el inicio, la voluntad.
El He se identifica con el agua, la fecundidad,
la gestación, el sentimiento. El Vav se identifica
con el aire, la actividad, la planificación, el
pensamiento. Y el segundo He se identifica con
la tierra, el resultado y el fruto final que a su vez
es portador de nuevas semillas (Yod).
CORRESPONDENCIA ENTRE LAS
LETRAS HEBREAS Y LOS ARCANOS
DEL TAROT
Primera letra: Aleph. Representa la energía
primordial que contiene en sí
misma todas las potencialidades.
Es el origen energético y
esencial de todo lo creado. El
Aleph se encuentra en analogía
con el primer arcano: El
Mago, al que trasfiere su
presencia como una fuerza
inconsciente difícil de prever
y precisar. Una fuerza
que tiene carácter de designio
y un imparable empuje
emprendedor.
Segunda letra: Beith.
Constituye el receptáculo
que interioriza
la
energía del Aleph. Una interiorización
necesaria para
poder expresarse de forma
adecuada en el mundo material.
El Beith se corresponde
con el segundo arcano:
La Sacerdotisa, al que trasfiere
la iluminación interior,
el poder de la gestación
y la protección
providencial.
Tercera letra:
Gimel. Con el Gimel
se llega a la exteriorización
de la energía del
Aleph, ya adaptada a través
del Beith a las necesidades
del ser humano. El
Gimel se corresponde con
el tercer arcano: La Emperatriz,
al que trasfiere el estímulo
femenino de la
imaginación, y la capacidad
de proyectar, de abrir fronteras
y de prever hacia el
futuro.
Cuarta letra: Daleth.
Con esta cuarta letra se llega
a la fase de los resultados
concretos. Es el fruto que a
su vez contiene nuevas semillas.
El Daleth se corresponde
con el cuarto arcano:
El Emperador, al que
trasfiere la toma de conciencia
de una realidad ya
visible y sólida, que se irá
multiplicando en sucesivas
realidades.
Quinta Letra: He.
Tras la toma de conciencia
de la realidad que expresa el Daleth, llega con
el He la fuerza de las emociones y la inquietud
espiritual que empuja hacia el aprendizaje. El He
se corresponde con el quinto
arcano: El Papa, al que
trasfiere la idea del destino,
el sentir de la vocación y la
evidencia de que existe una
finalidad por la que merece
la pena vivir.
Sexta letra:
Vav. Llegando a la
etapa del Vav, el hombre
ya cuenta con un pasado,
y a su vez es consciente
de la incertidumbre del
futuro. La sexta letra es el
puente que establece el paso
del tiempo,
por donde hay
que pasar sólo
con los valores más preciados. El
Vav se corresponde con el sexto arcano:
Los Enamorados, al que trasfiere
el deber de elegir entre el sentimiento
que generan los apegos del
pasado y la incógnita de un futuro
aún confuso.
Séptima letra: Zain. El momento
de decisiones importantes
que conlleva la fuerza del Vav, se
exterioriza y dispersa en la fase del
Zain, donde la actividad emocional
se dispara hacia todos los objetivos
posibles. El Zain se corresponde
con el séptimo
arcano: El Carro, al que trasfiere
el deseo de conquista y libertad,
y la tentación de experimentar
múltiples vivencias.
Octava letra: Heith. Los numerosos
compromisos que por
exceso u omisión, pudieron
provocar la fuerza del deseo integrada
en el Zain, ahora con
el Heith, podrán ajustarse a
unas normas y leyes equilibradas.
El Heith se corresponde
con el octavo arcano: La Justicia,
al que trasfiere la oportunidad
de rectificar y resarcir
los fallos, y de reconocer los
propios valores.
Novena letra: Teith. Con el Teith
se llega a una fase de iluminación
interior, sólo que esta vez es a nivel
mental, siendo la fuerza del pensamiento
la que pone orden en la
conciencia del hombre protegiéndolo
del instinto de los impulsos y
deseos. El Teith se corresponde con
el noveno arcano: El Ermitaño, al
que trasfiere la luz de la razón y la
capacidad de encontrar el equilibrio
entre los opuestos.
Décima letra: Yod. Con el Yod
se completa un ciclo de diez,
produciéndose el retorno a la
unidad, aunque ya en otra escala
más avanzada. La décima letra
es a la vez final y principio, y
constituye el primer cambio
sustancial de una etapa.
El Yod se corresponde
con el décimo arcano:
La Rueda de la
Fortuna, al que trasfiere
la toma de conciencia
del poder
creador individual
que conduce
a un cambio
de vida.
TAROT T
Undécima letra: Khaf.
Llegado a esta etapa, el
hombre conoce y utiliza
su capacidad creadora
para trasformar el mundo,
y siendo el Khaf la
segunda letra del segundo
ciclo, contará
también con el favor
de la providencia. El Khaf se corresponde
con el arcano once: La Fuerza, a la que trasfiere
el afán de participar en todos los asuntos materiales
y sociales que sean posibles.
Duodécima letra: Lamed.
Tras la múltiple participación
mundana que representa el
Khaf, llega el Lamed, mostrando
la evidencia de los aciertos
y los errores. Con el Lamed se
pasa de la teoría a la práctica
responsable, cargando
con el karma de las equivocaciones.
En el Tarot se
corresponde con el arcano
doce: El Colgado, al que
trasfiere la entrada “de cabeza”
en un vasto período de
experiencias materiales.
Decimotercera letra: Mem.
Con el Mem aparece la necesidad
de organizar y poner orden
en las numerosas experiencias
y realidades materiales
que ya interfieren unas en
otras. Su fuerza radica en la
legislación, coordinación y
cimentación adecuada. El
Mem se corresponde con el
arcano número trece: La
Muerte, al que trasfiere el
poder de transformación de
la materia.
Decimocuarta
letra: Noun.
En la etapa
del Noun la
trasformación necesaria realizada
en la fase del Mem ya está en
marcha, dando lugar a la
abundancia material y su
disfrute. El Noun se corresponde
con el arcano
numero catorce: La
Templanza, al que trasfiere
la plenitud física
y el goce de bienes
terrenales, aunque éstos
sean perecederos.
Decimoquinta letra:
Samek. La presencia
del Samek anuncia
el final de la plenitud
del Noun, recordando
que el objetivo no es
crear un paraíso material
para disfrute
personal, sino descubrir la
luz que la materia contiene en su aparente densidad.
El Noun se corresponde con el arcano quince:
El Diablo, al que trasfiere inquietudes espirituales
y afán de superación.
Decimosexta letra: Ayn.
Con el Ayn se llega el final de
un ciclo por partida doble.
Las cuatro primeras letras se
identificaban con el estadio
Fuego, las cuatro siguientes
con el Agua, de la 9 a la 12
con el Aire, y ahora, de la
13 a la 16 finaliza el período
en analogía con la Tierra, y
a su vez el ciclo completo
de los cuatro elementos.
La energía del Ayn obliga
a la transición forzosa para
acceder a otra etapa. En
el Tarot se corresponde con
el arcano dieciséis: La Torre, al
que trasfiere la necesidad de
soltar, de abandonar, de renunciar.
Decimoséptima letra: Phe.
A partir del Phe, la energía
que representan las letras se
libera de correspondencias
zodiacales para abarcar de
lleno cualidades y virtudes.
El Phe representa el poder
del verbo creador. En el
Tarot se corresponde con
el arcano diecisiete: La Estrella,
al que trasfiere el
don de la palabra y la inspiración
para encontrar el
justo término medio.
Decimoctava letra:
Tsade. Representa la
capacidad de gestar, y el
misterio que supone la
gestación aún no nacida,
o bien el fruto en formación
aún no desvelado.
El Tsade se corresponde
con el arcano dieciocho:
La Luna, al que
trasfiere el don de la fecundidad, y el
poder de lo oculto que pronto
aparecerá modificando una situación
ya establecida.
Decimonovena letra: Qof.
De nuevo el número 19
(1+9) nos lleva al retorno a
la unidad, ahora ya en una
tercera fase. El Qof guarda
relación con la energía del
Aleph (1) y del Yod (10), y
representa la luz que reduce
su intensidad para poder
ser asimilada por el hombre. Su don
es la inspiración creativa. El Qof se corresponde
con el arcano diecinueve: El Sol, al que trasfiere
vitalidad, fuerza expansiva y
prosperidad.
Vigésima letra: Reish.
Representa la toma de
conciencia de la chispa
divina que todo ser humano
lleva en su interior.
Su cualidad es el renacimiento
y la trasformación
providencial. El Reish se
corresponde con el arcano
veinte: El Juicio, al
que trasfiere la capacidad
de regeneración de la materia,
en equilibrio con la evolución
espiritual.
Letra vigesimoprimera:
Shim. Representa la
inocencia que conduce a
actuar en consonancia
con las leyes divinas, gozando
así de alta protección.
Su don es la sabiduría
que lleva a la
trascendencia. El Shim se corresponde
con el arcano sin número
(o número cero): El Loco,
al que trasfiere la conciencia solidaria
y el afán de esforzarse por
alcanzar grandes ideales.
Letra vigesimosegunda: Tau.
Con el Tau se consigue la perfección
de un proceso y se llega
a su final definitivo. Es la
culminación de una gran etapa
y su cualidad es el dominio
del alma sobre la materia. El Tau se
corresponde con el arcano número veintidós: El
Mundo, al que trasfiere la satisfacción del deber
cumplido, la recompensa merecida y la voluntad
dispuesta para comenzar un nuevo ciclo.