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Última actualización 27/11/2008@12:14:43 GMT+1
DURANTE LOS SIGLOS XVIII Y XIX, UN GRAN NÚMERO DE INTELECTUALES, ERUDITOS Y OCULTISTAS EUROPEOS SE VOLCARON EN EL ESTUDIO DE LAS ANTIGUAS TRADICIONES PAGANAS Y RELIGIOSAS, CON EL PROPÓSITO DE DESVELAR MISTERIOS Y RECUPERAR ANTIGUOS CONOCIMIENTOS, ENTRE OTROS, LOS SECRETOS DE LA ALQUIMIA Y DE LA CÁBALA, Y TAMBIÉN DEL ORIGEN DEL TAROT.

EL AUGE DE LAS SECTAS ESOTÉRICAS, LA MASONERÍA Y LAS CORRIENTES FILOSÓFICAS, QUE SE EXTENDIERON POR BUENA PARTE DEL VIEJO CONTINENTE, AYUDÓ TAMBIÉN PARA QUE LAS INVESTIGACIONES REALIZADAS SOBRE ESTOS TEMAS FUERAN DIVULGADAS Y PUESTAS AL ALCANCE DEL GRAN PÚBLICO.

Mª Jesús Palmer


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Primeras publicaciones del Tarot
en relación a la Cábala

La coincidencia entre el Tarot con sus 22 arcanos mayores, y la Cábala con el alfabeto hebreo de 22 letras, más el Árbol Cabalístico de diez esferas, unidas por otros 22 senderos, no pasó desapercibida a los estudiosos del Tarot durante esta larga etapa de oro para el esoterismo. En Francia, uno de los primeros en difundir la hipótesis del origen egipcio del Tarot y su posterior vinculación con el alfabeto hebreo fue el escritor y ocultista Antonine Court de Gebelín (1725-1784). Años más tarde, el parisino Alphonse Louis Constant (1810-1875), bajo el seudónimo de Eliphas Levi, publicó, además de numerosos libros, los dibujos de los 22 arcanos incluyendo símbolos de Cábala y ocultismo.

En Inglaterra, el londinense Samuel Liddel Mathers (1854-1918), cofundador de la famosa orden hermética conocida como Golden Dawn, estableció incluso, en los ritos para acceder a la jerarquía de la Hermandad, diez grados de iniciación relacionados con los 22 senderos del Árbol Cabalístico, de forma que el “trabajo” de cada sendero se relacionaba también con un arcano mayor diferente. Asimismo, fue fundamental la labor de Arthur Edward Waite (1857-1942), relacionado con la filosofía Rosacruz, traductor al inglés de las obras de Eliphas Levi y creador de uno de los tarots de mayor difusión en la actualidad: el Tarot de Rider-Waite.

Por otra parte, el esoterista suizo Oswald Wirth (1860-1943), basándose en sus conocimientos de la antigua simbología, la Alquimia y la Cábala, publicó Los 22 arcanos del Tarot Cabalístico con dibujos realizados por él mismo.

Y no podemos dejar de mencionar al hispano- francés Gérard Encausse (1865-1917), conocido por el sobrenombre de El Papus, por su labor como médico, escritor y creador de dos escuelas esotéricas. Entre sus numerosas obras, destacamos su Tarot de los Bohemios, donde relaciona el significado de los arcanos con el nombre hebreo de Dios (Yahvé), las siglas de INRI de la cruz de Cristo y el juego de palabras Torah (Ley) y Rota (Rueda).

El alfabeto hebraico y el tetragramatón
El hebreo, aparte de su valor como lengua vernácula, tiene un significado mucho más profundo que se relaciona directamente con la esencia de la Cábala. Considerando la Cábala como la tradición oral o conocimiento revelado por Dios a los hombres a través de figuras bíblicas tan significativas como Abraham o Moisés. Esta tradición oral, que revela las leyes por las que se rige y funciona el Universo, fue recogida por escrito en el Pentateuco con sus cinco libros sagrados: Génesis, Éxodo, Números, Levítico y Deuteronomio. Pero volviendo al alfabeto hebreo, cada una de sus 22 letras (o fonemas) representa un estado de energía en correspondencia con los elementos de la Naturaleza, los signos del Zodíaco y los 22 arcanos mayores del Tarot. Asimismo, las diez esferas (Sefirot) del Árbol Cabalístico guardan analogía con los arcanos menores, mientras que los 22 senderos que las unen se encuentran igualmente en correspondencia con los arcanos mayores.

Así, vemos que en el antiguo hebreo cada palabra tiene valor añadido, especialmente los nombres. Por ejemplo, las letras hebreas que componen el nombre de Adán (Aleph, Daleh, Noun) representan el origen, el principio de toda experiencia -Adán fue el ADN de la Humanidad-, mientras que las letras que componen el nombre de Eva (He, Vav, Aleph), representan la continuidad, el puente (Vav) que lleva a un nue- vo Aleph, o lo que es lo mismo, a nuevos ciclos y principios de continuidad. Otros nombres bíblicos importantes como Noé, Abraham, Moisés, o incluso Jerusalén, también tienen un significado oculto que habla de su papel esencial en la historia sagrada del Antiguo Testamento.

Aunque, entre todos los nombres, destaca el nombre divino de Jehová (Yahvé), compuesto por las letras Yod, He, Vav, He. Estas letras reciben el nombre de Tetragramatón, del griego Tettares (cuatro) y Gramma (letra), y su significado abarca la esencia de todo lo creado, pues, entre otros conceptos, el Yod se identifica con el fuego, la semilla, el germen, el inicio, la voluntad.

El He se identifica con el agua, la fecundidad, la gestación, el sentimiento. El Vav se identifica con el aire, la actividad, la planificación, el pensamiento. Y el segundo He se identifica con la tierra, el resultado y el fruto final que a su vez es portador de nuevas semillas (Yod).

CORRESPONDENCIA ENTRE LAS LETRAS HEBREAS Y LOS ARCANOS DEL TAROT
Primera letra: Aleph. Representa la energía primordial que contiene en sí misma todas las potencialidades.

Es el origen energético y esencial de todo lo creado. El Aleph se encuentra en analogía con el primer arcano: El Mago, al que trasfiere su presencia como una fuerza inconsciente difícil de prever y precisar. Una fuerza que tiene carácter de designio y un imparable empuje emprendedor.
Segunda letra: Beith.

Constituye el receptáculo que interioriza la energía del Aleph. Una interiorización necesaria para poder expresarse de forma adecuada en el mundo material.
El Beith se corresponde con el segundo arcano: La Sacerdotisa, al que trasfiere la iluminación interior, el poder de la gestación y la protección providencial.
Tercera letra:
Gimel. Con el Gimel se llega a la exteriorización de la energía del Aleph, ya adaptada a través del Beith a las necesidades del ser humano. El Gimel se corresponde con el tercer arcano: La Emperatriz, al que trasfiere el estímulo femenino de la imaginación, y la capacidad de proyectar, de abrir fronteras y de prever hacia el futuro.

Cuarta letra: Daleth.

Con esta cuarta letra se llega a la fase de los resultados concretos. Es el fruto que a su vez contiene nuevas semillas.
El Daleth se corresponde con el cuarto arcano: El Emperador, al que trasfiere la toma de conciencia de una realidad ya visible y sólida, que se irá multiplicando en sucesivas realidades.
Quinta Letra: He.

Tras la toma de conciencia de la realidad que expresa el Daleth, llega con el He la fuerza de las emociones y la inquietud espiritual que empuja hacia el aprendizaje. El He se corresponde con el quinto arcano: El Papa, al que trasfiere la idea del destino, el sentir de la vocación y la evidencia de que existe una finalidad por la que merece la pena vivir.
Sexta letra:
Vav. Llegando a la etapa del Vav, el hombre ya cuenta con un pasado, y a su vez es consciente de la incertidumbre del futuro. La sexta letra es el puente que establece el paso del tiempo, por donde hay que pasar sólo con los valores más preciados. El Vav se corresponde con el sexto arcano: Los Enamorados, al que trasfiere el deber de elegir entre el sentimiento que generan los apegos del pasado y la incógnita de un futuro aún confuso.

Séptima letra: Zain. El momento de decisiones importantes que conlleva la fuerza del Vav, se exterioriza y dispersa en la fase del Zain, donde la actividad emocional se dispara hacia todos los objetivos posibles. El Zain se corresponde con el séptimo arcano: El Carro, al que trasfiere el deseo de conquista y libertad, y la tentación de experimentar múltiples vivencias.

Octava letra: Heith. Los numerosos compromisos que por exceso u omisión, pudieron provocar la fuerza del deseo integrada en el Zain, ahora con el Heith, podrán ajustarse a unas normas y leyes equilibradas.
El Heith se corresponde con el octavo arcano: La Justicia, al que trasfiere la oportunidad de rectificar y resarcir los fallos, y de reconocer los propios valores.
Novena letra: Teith. Con el Teith se llega a una fase de iluminación interior, sólo que esta vez es a nivel mental, siendo la fuerza del pensamiento la que pone orden en la conciencia del hombre protegiéndolo del instinto de los impulsos y deseos. El Teith se corresponde con el noveno arcano: El Ermitaño, al que trasfiere la luz de la razón y la capacidad de encontrar el equilibrio entre los opuestos.
Décima letra: Yod. Con el Yod se completa un ciclo de diez, produciéndose el retorno a la unidad, aunque ya en otra escala más avanzada. La décima letra es a la vez final y principio, y constituye el primer cambio sustancial de una etapa.
El Yod se corresponde con el décimo arcano: La Rueda de la Fortuna, al que trasfiere la toma de conciencia del poder creador individual que conduce a un cambio de vida.
TAROT T Undécima letra: Khaf.
Llegado a esta etapa, el hombre conoce y utiliza su capacidad creadora para trasformar el mundo, y siendo el Khaf la segunda letra del segundo ciclo, contará también con el favor de la providencia. El Khaf se corresponde con el arcano once: La Fuerza, a la que trasfiere el afán de participar en todos los asuntos materiales y sociales que sean posibles.
Duodécima letra: Lamed.

Tras la múltiple participación mundana que representa el Khaf, llega el Lamed, mostrando la evidencia de los aciertos y los errores. Con el Lamed se pasa de la teoría a la práctica responsable, cargando con el karma de las equivocaciones.
En el Tarot se corresponde con el arcano doce: El Colgado, al que trasfiere la entrada “de cabeza” en un vasto período de experiencias materiales.
Decimotercera letra: Mem.

Con el Mem aparece la necesidad de organizar y poner orden en las numerosas experiencias y realidades materiales que ya interfieren unas en otras. Su fuerza radica en la legislación, coordinación y cimentación adecuada. El Mem se corresponde con el arcano número trece: La Muerte, al que trasfiere el poder de transformación de la materia.
Decimocuarta letra: Noun.

En la etapa del Noun la trasformación necesaria realizada en la fase del Mem ya está en marcha, dando lugar a la abundancia material y su disfrute. El Noun se corresponde con el arcano numero catorce: La Templanza, al que trasfiere la plenitud física y el goce de bienes terrenales, aunque éstos sean perecederos.
Decimoquinta letra:
Samek. La presencia del Samek anuncia el final de la plenitud del Noun, recordando que el objetivo no es crear un paraíso material para disfrute personal, sino descubrir la luz que la materia contiene en su aparente densidad.
El Noun se corresponde con el arcano quince: El Diablo, al que trasfiere inquietudes espirituales y afán de superación.
Decimosexta letra: Ayn.

Con el Ayn se llega el final de un ciclo por partida doble.
Las cuatro primeras letras se identificaban con el estadio Fuego, las cuatro siguientes con el Agua, de la 9 a la 12 con el Aire, y ahora, de la 13 a la 16 finaliza el período en analogía con la Tierra, y a su vez el ciclo completo de los cuatro elementos.
La energía del Ayn obliga a la transición forzosa para acceder a otra etapa. En el Tarot se corresponde con el arcano dieciséis: La Torre, al que trasfiere la necesidad de soltar, de abandonar, de renunciar.
Decimoséptima letra: Phe.

A partir del Phe, la energía que representan las letras se libera de correspondencias zodiacales para abarcar de lleno cualidades y virtudes.
El Phe representa el poder del verbo creador. En el Tarot se corresponde con el arcano diecisiete: La Estrella, al que trasfiere el don de la palabra y la inspiración para encontrar el justo término medio.
Decimoctava letra:
Tsade. Representa la capacidad de gestar, y el misterio que supone la gestación aún no nacida, o bien el fruto en formación aún no desvelado.
El Tsade se corresponde con el arcano dieciocho: La Luna, al que trasfiere el don de la fecundidad, y el poder de lo oculto que pronto aparecerá modificando una situación ya establecida.
Decimonovena letra: Qof.

De nuevo el número 19 (1+9) nos lleva al retorno a la unidad, ahora ya en una tercera fase. El Qof guarda relación con la energía del Aleph (1) y del Yod (10), y representa la luz que reduce su intensidad para poder ser asimilada por el hombre. Su don es la inspiración creativa. El Qof se corresponde con el arcano diecinueve: El Sol, al que trasfiere vitalidad, fuerza expansiva y prosperidad.
Vigésima letra: Reish.

Representa la toma de conciencia de la chispa divina que todo ser humano lleva en su interior.
Su cualidad es el renacimiento y la trasformación providencial. El Reish se corresponde con el arcano veinte: El Juicio, al que trasfiere la capacidad de regeneración de la materia, en equilibrio con la evolución espiritual.
Letra vigesimoprimera:
Shim. Representa la inocencia que conduce a actuar en consonancia con las leyes divinas, gozando así de alta protección.
Su don es la sabiduría que lleva a la trascendencia. El Shim se corresponde con el arcano sin número (o número cero): El Loco, al que trasfiere la conciencia solidaria y el afán de esforzarse por alcanzar grandes ideales.
Letra vigesimosegunda: Tau.

Con el Tau se consigue la perfección de un proceso y se llega a su final definitivo. Es la culminación de una gran etapa y su cualidad es el dominio del alma sobre la materia. El Tau se corresponde con el arcano número veintidós: El Mundo, al que trasfiere la satisfacción del deber cumplido, la recompensa merecida y la voluntad dispuesta para comenzar un nuevo ciclo.
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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    445 | pepe toni mataix - 27/12/2008 @ 00:28:52 (GMT+1)
    Noun es tambien una banda de rock alicantina que hace musica atmosferica y espiritual,algo romantica con mucho sentimiento y templanza. Le oí leerlo a Pepe Altavert.
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