Última actualización 17/03/2008@14:56:22 GMT+1
Procedente de una familia noble de Judá, pasó casi toda su vida en el exilio, puesto que llegó a principios del siglo VII a Babilonia con los primeros deportados judíos.
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Al parecer, destacaba por su fidelidad a las leyes y su sabiduría, lo que unido a su don profético y conocimientos astrológicos debió hacer de él un personaje singular. Sin embargo, todo cuanto se refiere a sus profecías cae en el saco de la confusión, probablemente porque su figura fue exagerada, deformada e intencionadamente usada con el paso del tiempo. Su libro está escrito en dos lenguas, el griego y el arameo; el autor señala como caldeos a unos astrólogos, denominación que no se produciría hasta siglos después; contiene enormes errores en cuanto a datos históricos o usa palabras y nombres helenizados, en realidad muy posteriores al tiempo en que vivió el profeta. Sin duda, Daniel debió ser un hombre con una cultura mucho mayor de la que tenía quien escribió su libro.
En la actualidad, parece que ningún exégeta duda de que el libro del Antiguo Testamento que lleva su nombre no lo escribió él, sino que sería la obra de un autor anónimo que lo redactó alrededor del año 165 a.C., durante la persecución de los judíos por el rey Antíoco IV Epifanes.
El sueño de las cuatro bestias
Conocida y controvertida es la visión que Daniel tuvo sobre las cuatro bestias. En cierta ocasión, que el rey Nabucodonosor tuvo un sueño mandó llamar a todo tipo de adivinos y nadie acertaba a interpretarlo, hasta que llegó Daniel, que consiguió descifrarlo mediante una visión nocturna: "Estaba yo observando durante mi visión nocturna y de pronto vi que los cuatro vientos del cielo agitaban el gran mar, y que cuatro bestias enormes, distintas una de otra, salían del mar. La primera era semejante a un león, y tenía alas de águila. Seguí observando, y de pronto vi que le fueron arrancadas las alas, y que fue levantada de la tierra, que se puso de pie sobre sus patas, como un hombre, y que se le dio un corazón de hombre. Luego, vi otra bestia, la segunda, semejante a un oso: estaba levantada sobre un lado y tenía tres costillas en sus fauces, entre sus dientes; y le decían: Levántate y devora carne en abundancia. Después seguí observando, y de pronto vi otra bestia, semejante a una pantera, que llevaba cuatro alas de ave en el dorso. Esta bestia tenía cuatro cabezas y le fue dado el poder. A continuación seguí observando en la visión nocturna, y de pronto vi una cuarta bestia, terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte. Tenía enormes dientes de hierro; comía y trituraba, y aplastaba las sobras con sus patas. Era muy distinta de todas las bestias anteriores y tenía diez cuernos. Estaba fijándome en los cuernos, y de pronto vi que otro cuerno pequeño despuntó entre ellos y que le fueron arrancadas por delante de él tres de los cuernos primeros. Noté, además, que este cuerno tenía ojos como los de un hombre, y una boca que decía grandes cosas."
Son muchas las interpretaciones que se han dado a esta visión profética, asociándola especialmente con los cuatro imperios que acabarían sucediéndose: neobabilónico, medo, persa y macedonio.