La Cuarta y
Quinta ley
Última actualización 01/05/2004@00:00:00 GMT+1
El Tarot está regido por una serie de Leyes,
conocerlas y respetarlas nos facilitará
su uso, tanto en las técnicas meditativascomo en las adivinatorias. Pero el Tarot
desde un punto de vista holístico representa, con toda perfección, la totalidad de la Leyes. De hecho él mismo es la Ley.
En anteriores artículos dedicados a explicar el arte de echar las cartas, hacíamos mención, a las tres primeras Leyes sobre el funcionamiento del Tarot (concretamente en el número 101 del mes de noviembre del 2003.) Este mes ampliamos el estudio de dichas Leyes, analizando la Cuarta y Quinta que se desarrollan a continuación:
La Cuarta Ley del Tarot.
Esta Ley no hace sino confirmar el dicho hermético de “cómo arriba es abajo”. Los veintidós Arcanos Mayores del Tarot, son arquetipos universales, ideas creadoras básicas que actúan en todos los estados de la manifestación, desde el más denso o universo físico, hasta en los más sutiles, conocidos en el lenguaje religioso como paraísos, purgatorios y limbos y en el esotérico como planos o estados de conciencia. Estos planos son: el espiritual, el mental, el astral y el etérico junto con el material o mundo físico. En la Cábala que incorpora la tradición espiritual de occidente, se les conoce como los cuatro mundos de la creación, el mundo arquetípico, el mundo creativo, el mundo formativo y el mundo material o mundo de la acción, del que forma parte nuestro hermoso planeta azul. De ahí que la carta veintiuno del Tarot, reciba el nombre de El Mundo.
Bajo esta Ley podemos estar bien seguros de que todos los Arcanos del Tarot actúan en todos los estados de la manifestación, en todos los universos y en todos los mundos, pero ahora puede surgirnos la inevitable y lógica pregunta ¿Es posible que en un elevado paraíso poblado por ángeles poderosos o brillantes seres de luz, existan las fuerzas representadas por el Arcano de El Diablo, La Muerte, La Torre, etc.
La respuesta es sí, estos Arcanos también actúan en los mundos que podríamos llamar “divinos”, pero mientras que la carta de La Torre, en el mundo material, puede indicar un gran cataclismo personal, incluso geológico, capaz de conmocionarnos personalmente, o de conmocionar a la humanidad entera, en los lugares de bienaventuranza, es posible que se trate de un cambio, creado para “disfrutar” de nuevas condiciones de dicha.
Tal vez, el Arcano de El Diablo pueda indicar, que hasta la absoluta perfección puede ser perfeccionada.
Y es posible que el Arcano de La Muerte revele que la eternidad es un avance infinito hacia el descubrimiento del ser único y perfecto.
En todo cuanto ha existido, existe o existirá alguna vez, se encuentran actuando las veintidós fuerzas representadas por los Arcanos Mayores del Tarot, las diferencias entre materia, energía, tiempo, espacio, cosas y seres, se producen según las diferentes proporciones y los momentos en los que interviene con mayor o menor intensidad cada uno de los arquetipos. Desde las ideas que actúan en la mente, hasta la radiación luminosa del Sol, o el discurrir del torrente sanguíneo por venas y arterias, en todo ello está presente lo que podríamos llamar “las potencias del Tarot”.
La Quinta Ley del Tarot.
“El Tarot es informativo,
pero no es determinista”
El conocimiento de la Quinta Ley del Tarot tiene una importancia radical, de su comprensión depende que un adivino pueda modificar las condiciones futuras que muestran los Arcanos del Tarot. Pero la integración de esta Ley y la aplicación de sus principios, sólo está al alcance de unos pocos maestros de Tarot, ignorados generalmente por la sociedad y que suelen carecer de vida pública. De cómo un maestro otorgador de destinos utiliza el canal de su voluntad para realizar ciertos prodigios, pertenece a la esfera de conocimiento de los iniciados.
Por otra parte esta importantísima Ley otorga a todo consultante, sin excepción, la posibilidad de modificar su destino. Podrá hacerlo si es capaz de cambiar su forma de pensar y sus valores internos, si él cambia, su destino podrá cambiar también.